Me pregunto hasta qué punto he provocado todo este enredo.
Comencemos diciendo que ayer volví a soñarte.
Eras infinitamente débil. Débil e infantil, al contrario del primer sueño.
Yo te protegía. A ti sobre todos y todas.
Incluso sobre Él: "nuestra intersección".
Él se me quedaba mirando pasmado, -como hace tantas veces-, y vos lucías aún más ingenua
que como te imagino. Cuando desperté me di cuenta que puede que haya comenzado a quererte.
No es novedad que me cuesta un montón guardarme las cosas y es este amontonamiento de palabras lo que (me) hace perdurar (te).
Surge entonces, esta necesidad de tomarme un café y mirarte de frente a los ojos,
dejar de lado toda esta agua y esta casi ciencia ficción. Y puedo imaginar sin esfuerzo el café que elegirías, aunque nunca haya ido y no sepa dónde queda. Se me hace que usarías un sobrecito de azúcar y que el día estaría particularmente soleado, aunque no sería verano.
Y entonces, qué dirías si pudieras observar lo paralelo de nuestros caminos.
Una canción, un libro, una foto,
un video,
una coincidencia,
la causalidad,
de un detalle.
Y los detalles,
siempre los detalles.
Me siento sola advirtiéndolos, aquí, en silencio, a la distancia,
preguntándome si tú también los has notado
o es que has conseguido pasar de largo de todo este embrollo
(siento que estás dando lo mejor de ti -como acostumbras, dicen- para que en efecto, esto suceda
-si es que no ha sucedido ya-).
Pero ya sabemos cómo es esto de la vida. El tiempo pasará, indefectiblemente, de cuál sea su resultado; dejaré de pensar en todo esto;
con un poco de suerte me olvidaré de ti y de ese café que nunca vamos a tomarnos
y tú nunca jamás imaginarás esta madrugada.
Pero mientras tanto, hasta que me canse sigo jugando con este cubo de rubik.
Y eso que nunca he tenido la paciencia.
Comencemos diciendo que ayer volví a soñarte.
Eras infinitamente débil. Débil e infantil, al contrario del primer sueño.
Yo te protegía. A ti sobre todos y todas.
Incluso sobre Él: "nuestra intersección".
Él se me quedaba mirando pasmado, -como hace tantas veces-, y vos lucías aún más ingenua
que como te imagino. Cuando desperté me di cuenta que puede que haya comenzado a quererte.
No es novedad que me cuesta un montón guardarme las cosas y es este amontonamiento de palabras lo que (me) hace perdurar (te).
Surge entonces, esta necesidad de tomarme un café y mirarte de frente a los ojos,
dejar de lado toda esta agua y esta casi ciencia ficción. Y puedo imaginar sin esfuerzo el café que elegirías, aunque nunca haya ido y no sepa dónde queda. Se me hace que usarías un sobrecito de azúcar y que el día estaría particularmente soleado, aunque no sería verano.
Y entonces, qué dirías si pudieras observar lo paralelo de nuestros caminos.
Una canción, un libro, una foto,
un video,
una coincidencia,
la causalidad,
de un detalle.
Y los detalles,
siempre los detalles.
Me siento sola advirtiéndolos, aquí, en silencio, a la distancia,
preguntándome si tú también los has notado
o es que has conseguido pasar de largo de todo este embrollo
(siento que estás dando lo mejor de ti -como acostumbras, dicen- para que en efecto, esto suceda
-si es que no ha sucedido ya-).
Pero ya sabemos cómo es esto de la vida. El tiempo pasará, indefectiblemente, de cuál sea su resultado; dejaré de pensar en todo esto;
con un poco de suerte me olvidaré de ti y de ese café que nunca vamos a tomarnos
y tú nunca jamás imaginarás esta madrugada.
Pero mientras tanto, hasta que me canse sigo jugando con este cubo de rubik.
Y eso que nunca he tenido la paciencia.
