hoy me di cuenta porque dormís siesta.
dormís siesta porque te estas tratando de saltear el presente en esas insoportables e introspectivas horas vespertinas de los fines de semana, en los que se te llena el sillón de la vida que no tenés.
es como un carrusel.
estás sentada en un caballo blanco, en tu versión adulta,
tus padres, en su versión eterna.
van a tu lado, vos sonreís.
yo te quiero.
si supiera cómo, te abrazaría tanto.
P.D: abrazar es como un trozo de hielo pasando a vapor.
Primero se tienen que romper los enlaces intermoleculares para convertirse en líquido. Es decir, que el Ser se te haga una babita de escurridizos escudos. Luego, hay que tomar todo el amor y horror del mundo y romperse en mil pedazos de manera constante por un intervalo de tiempo y experimentar el cambio de fase. Finalmente, los enlaces intermoleculares están listos para adquirir el arreglo molecular del vapor. Separarse laxamente de la celosa subjetividad, ensancharse hacia el infinito, dispersarse entre los vaporosos átomos de quien devuelve el abrazo, conquistar cada rincón del receptáculo. Siendo este último, el mundo.
dormís siesta porque te estas tratando de saltear el presente en esas insoportables e introspectivas horas vespertinas de los fines de semana, en los que se te llena el sillón de la vida que no tenés.
es como un carrusel.
estás sentada en un caballo blanco, en tu versión adulta,
tus padres, en su versión eterna.
van a tu lado, vos sonreís.
yo te quiero.
si supiera cómo, te abrazaría tanto.
P.D: abrazar es como un trozo de hielo pasando a vapor.
Primero se tienen que romper los enlaces intermoleculares para convertirse en líquido. Es decir, que el Ser se te haga una babita de escurridizos escudos. Luego, hay que tomar todo el amor y horror del mundo y romperse en mil pedazos de manera constante por un intervalo de tiempo y experimentar el cambio de fase. Finalmente, los enlaces intermoleculares están listos para adquirir el arreglo molecular del vapor. Separarse laxamente de la celosa subjetividad, ensancharse hacia el infinito, dispersarse entre los vaporosos átomos de quien devuelve el abrazo, conquistar cada rincón del receptáculo. Siendo este último, el mundo.
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