Era
una de esas noches que en Montevideo se protesta por alguna cosa que a nadie le
importa realmente
y que por alguna razón, se termina celebrando, cortando 18,
emborrachándose en el callejón
para terminar de dar asco en El Barril y es Miércoles.
para terminar de dar asco en El Barril y es Miércoles.
La misma miseria céntrica de siempre.
Gris, babosa, lenta. La Ciudad y sus zombies.
Yo me encontraba en las antípodas del espíritu festivo
circundante,
intentaba disimularlo vagamente mientras ganaba algo de tiempo mental para resolver mis asuntos en silencio
intentaba disimularlo vagamente mientras ganaba algo de tiempo mental para resolver mis asuntos en silencio
(concretamente, -como quien no
quiere la cosa-, el significado y simbolismo de la existencia, mi fantasma
favorito).
Me pareció que mi intelectualidad tenía un límite y ese era.
Pero entonces,
como un susurro,
creí entenderlo todo.
como un susurro,
creí entenderlo todo.
Desde lo más profundo de mi alma, escribí el siguiente mensaje
de texto:
Me di cuenta que la vida no tiene sentido,
pero si no la aprovechas, es cualquiera.
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