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(Sobre la inviabilidad de una maqueta de gritarle a su árbol plástico 'tienes armonía' o 'somos un modelo'.)

7 de febrero de 2013

Decía "oggi sono il mare".

Cómo no iba a enamorarme de él, si su carta de presentación era el mar.
La propiedad transitiva siempre fue una de mis favoritas.
Menos en la vida real, no falla nunca.
Y "la vida real" no le importa a nadie más que a quienes la viven,
-quienes quiera que sean esos-.




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