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(Sobre la inviabilidad de una maqueta de gritarle a su árbol plástico 'tienes armonía' o 'somos un modelo'.)

15 de mayo de 2013

Ex



- ¿Y cómo era yo? - le pregunté entonces. Tenía la necesidad imperiosa de saber si era una persona horrible de amar. Por esos días ni el último orejón del tarro podría haberse sentido más solo que yo (*1)
Sonrió - Eras la complejidad de la simpleza. Me gustaba eso. No sé por qué, pero creo que la mayoría de la gente no te entiende. Sos rara, en el buen sentido. A mi también me pasaba un poco y aún hoy, me cuesta explicarle al mundo en palabras qué te hacía tan valiosa. Es como explicar un olor.

Suspiré. - Si algún día, por accidente, te dieras cuenta por qué soy valiosa,
¿lo escribirías en papelito para que no me lo olvide?.

- Me vas a hacer llorar.
- Lo siento.
- Hay tantos papelitos escritos sobre eso ya. Literalmente.
- No me dieron ni uno.
- Es que los tengo todos acá, en una bolsita.
- Gracias. Tengo que irme -

-¿Ya te vas?, ¿a dónde?.
- A ponerme el pijama, a ver si me siento mejor.


(*1): ¿De dónde sale esa expresión?. ¿Acaso en alguna parte del mundo (Japón) construían frascos enormes para orejones y los ordenaban por tamaños?.




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