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(Sobre la inviabilidad de una maqueta de gritarle a su árbol plástico 'tienes armonía' o 'somos un modelo'.)

18 de febrero de 2015

Febrero. Calor. Montevideo. Viaje en el 145. <<Por lo menos va vacío>>, pienso mientras me siento y decido si valió la pena volver a casa desde Buceo, interiorizándome inútilmente en buena parte de Pocitos, o para insolarme en bici y no perder tiempo. Blah. Da igual, total nunca hago este viaje y hace tiempo no paso por esas calles. Iba mirando por la ventana y pensando esquivamente en algún asunto mío -o viceversa, no sé- cuando antes de cruzar Boulevard Artigas, el bondi se detuvo en la última parada de Boulevard España.
Alguna confusión estaba sucediendo la calle  y me llamó la atención. La escena era entre dos muchachos que llevaban un lampazito de limpiar vidrios en sus manos, cual antorcha. El más joven, -pantalones gastados, championes rotos, gorro con visera y torso descubierto-, atravesó Bv. Artigas a toda velocidad y levantó su mochila al otro lado de la calle (apoyada en la estatua de No Sé Qué) una milésima de segundo antes que el segundo hombre, -unos 10 años mayor, camiseta de fútbol y cabello estilo Ráfaga-, intentara manotearla del piso. La agilidad del primero enfureció al segundo, que lejos de conformarse con la derrota, aprovechó el impulso de la corrida para descargar una patada voladora en el balde con agua y jabón del otro, vaciándolo por completo. Obviamente, era un dispuesta por quién podía hacer la moneda y en dónde.
El más joven, mismo sin agua ni jabón, volvió al instante al centro de la calle, lampazo en mano y fingió que limipaba alguna cosa en un acto de demostrarle al otro que el territorio no continuaba disputándose, sino que ya estaba ganado. En tanto, el hombre más viejo empezó a golpear el vidrio del ómnibus pidiendo algo que ni él sabía qué. No quería subir, no pedía dinero. Había perdido su lugar y no sabía que hacer, por lo menos, quería que los demás se enteraran. Siempre queremos que los demás se enteren de las injusticias contra nosotros, porque la "injusticia" es precisamente sentir que toda la humanidad, menos quien la cometió, te daría la razón.

Toda la escena compungió mi corazón. El chico abrazando su mochila como si de ello dependiera su vida, limpiando enérgicamente vidrios sin jabón mientras miraba para todos lados pronto para otra trifulca, el segundo hombre desesperado pegándole a todo, mirando al piso buscando la respuesta de qué hacer ahora.
Da igual si es para vino o para pan. No sé lo que es pasar hambre. No sé lo que es pasar frío. No sé lo que es vivir en un mismo ambiente con una docena de personas. Sí sé lo que es estar triste y tomarse un whiskey para olvidar o reírte un rato mientras te vas poniendo idiota. Así que no voy a juzgar el hecho que alguien prefiera tomarse un vino pa' calentar la sangre que comerse un pan para soportar un día más de miseria.
No creo que los pobres deban soportar su pobreza educadamente. Tampoco creo en el asistencialismo lava-consciencia que la clase media pretende hacer. Este sistema es una puta mierda porque gente como yo llega a su casafurioso y aprieta un panfleto de supermercado dejado en la reja anti-pobres de la puerta de su casa, hasta que las manos comienzan a doler y aparece una primera lágrima. Y así, la rabia no se organiza y se convierte en tristeza. Y la tristeza en conformismo. Te odio Babylonia.

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