Hace dos madrugadas escribí la historia de mi vida mentalmente. Me llevó algo así como una hora, entre las 5 y las 6 de la mañana. La dije para mi, con los ojos bien abiertos en la oscuridad del cuarto. La recité de un tirón, sin edición, hubo lágrimas y hubo paz. Dolores viejos y no tanto. Comencé a hacerlo porque no podía dormir y mi Cerebro preguntó tímidamente por qué era como era. Es como un niño que conoce una historia de memoria pero no deja de pedirle a sus padres que se la repitan una y otra vez. Generalmente me digo que no tengo tiempo para pensar en una respuesta larguísima y él se conforma, sabe que tenemos mucho por hacer y que en aquellas cosas ya hemos pensado bastante.
Pero esa noche fue distinto y le hablé de todo, de mi y de los otros personajes que tiene y ha tenido mi vida, de cómo nos condicionaron ciertas cosas y dónde buscar sus marcas. Para terminar dije que lo sustancial ya estaba descrito, que en adelante sólo quedaba relatar opiniones e interacciones con otras personas. Concordamos que hablar de esas cosas era hacer menos inteligente la biografía y como estábamos impresionados el uno con el otro, nos fuimos a dar una ducha y fingir que nada había pasado. Pero esa mañana no sufrimos, sabemos que lo peor ya pasó. Y aunque no está todo resuelto, no vamos a caer en esa de nuevo, no vamos a dormir una-siestita-auto-contempla-tiva en el cómodo sillón del pasado. Aunque cueste, aunque haya días grises, aunque no nos sea tan fácil, estamos de pie y mirando hacia adelante.
Sonreímos,
porque nadie nos lo contó, lo vivimos: sabemos que ese es el único camino.
Pero esa noche fue distinto y le hablé de todo, de mi y de los otros personajes que tiene y ha tenido mi vida, de cómo nos condicionaron ciertas cosas y dónde buscar sus marcas. Para terminar dije que lo sustancial ya estaba descrito, que en adelante sólo quedaba relatar opiniones e interacciones con otras personas. Concordamos que hablar de esas cosas era hacer menos inteligente la biografía y como estábamos impresionados el uno con el otro, nos fuimos a dar una ducha y fingir que nada había pasado. Pero esa mañana no sufrimos, sabemos que lo peor ya pasó. Y aunque no está todo resuelto, no vamos a caer en esa de nuevo, no vamos a dormir una-siestita-auto-contempla-tiva en el cómodo sillón del pasado. Aunque cueste, aunque haya días grises, aunque no nos sea tan fácil, estamos de pie y mirando hacia adelante.
Sonreímos,
porque nadie nos lo contó, lo vivimos: sabemos que ese es el único camino.


